
La gran farsa de los Cuadernos se desmorona: 27 arrepentidos denuncian que fueron extorsionados para involucrar a Cristina Kirchner
Enzo Amadeo Marquez
Buenos Aires, 5 de mayo de 2026
Cómo se armó la causa en 2018
La investigación se inició en 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri. El fallecido juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli fueron los principales operadores. Todo se basó en fotocopias de unos cuadernos supuestamente escritos por Oscar Centeno, ex chofer de Roberto Baratta (ex subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio de Planificación).
Esas fotocopias aparecieron de manera dudosa en el diario La Nación y sirvieron para acusar a Cristina Fernández de Kirchner como supuesta “jefa de una asociación ilícita” que recaudaba coimas de empresarios de la obra pública entre 2003 y 2015. No había pruebas directas, ni dinero encontrado, ni transferencias. Solo fotocopias y testimonios de “arrepentidos”.
Las presiones y extorsiones que hoy se destapan
En las últimas semanas del juicio oral, 27 imputados (entre empresarios y exfuncionarios) declararon ante el TOF 7 que sus testimonios iniciales fueron falsos y obtenidos bajo coacción.
Entre los nombres más relevantes que denunciaron las presiones están:
- Mario Rovella (Rovella Carranza): Uno de los primeros en declarar que mintió bajo presión. Dejó constancia ante escribano público antes de declarar, advirtiendo que iba a mentir para evitar la prisión.
- Gerardo Ferreyra (Electroingeniería): Denunció haber sido extorsionado para declarar contra Cristina. Como se negó, terminó preso.
- Daniel Pitón (empresario constructor de Entre Ríos): Dijo textualmente que se vio “en la obligación de mentir para no ir preso”.
- Guillermo Escolar: Admitió haber declarado bajo presión judicial.
- Oscar Sansiñena, Miguel Aznar, Angelo Calcaterra, Aldo Roggio y otros importantes empresarios también relataron situaciones de aprietes.
Muchos coincidieron en el mismo relato: la orden era clara —“involucrar a Cristina Kirchner o ir preso”— y la prisión preventiva se usaba como herramienta de extorsión.
El silencio de los pilares de la causa
Mientras los 27 arrepentidos se desdicen, los dos pilares centrales de la acusación guardaron silencio: Oscar Centeno (el chofer) y Ernesto Clarens (el financista) se negaron a declarar en el juicio. Sus testimonios originales fueron los que sostuvieron toda la causa durante años, pero ahora no están dispuestos a ratificarlos frente al tribunal.
Irregularidades graves en los cuadernos
Peritajes oficiales y privados revelaron más de 1.600 alteraciones en los cuadernos (tachaduras, sobreescrituras, enmiendas con líquido corrector y cambios de tinta). Se detectaron “varias manos autoras” en las correcciones. Además, pericias caligráficas señalaron que varios cuadernos pasaron de anotaciones casuales a un estilo más formal, como si hubieran sido reescritos o dictados.
Incluso se procesó al ex policía Jorge Bacigalupo (amigo de Centeno) por manipular los cuadernos y alterar anotaciones para involucrar a más empresarios.
El tribunal intenta ocultar el escándalo
Ante la magnitud de las denuncias, el Tribunal Oral Federal 7 decidió suspender la transmisión en vivo de las audiencias. Un intento evidente de que la opinión pública no vea cómo se derrumba la principal causa de corrupción montada contra el kirchnerismo.
Una operación de lawfare que fracasa
La causa Cuadernos fue parte de una estrategia más amplia para proscribir políticamente a Cristina Fernández de Kirchner, debilitar al peronismo y justificar el relato de “la década robada”. Contó con la complicidad de un sector del Poder Judicial (Bonadio y Stornelli a la cabeza), medios de comunicación y el gobierno de Macri.
Hoy, con más de 27 testimonios que desmontan las acusaciones originales, queda claro que se trató de una persecución política. Muchos de los “arrepentidos” declararon bajo amenaza de prisión, humillaciones y destrucción de sus empresas. Eso invalida moral y jurídicamente gran parte de la prueba.
Cristina Fernández de Kirchner siempre denunció que era una causa armada. Los hechos que están surgiendo en el juicio oral le están dando la razón de manera contundente.
Esta farsa judicial no solo intentó condenar a una ex presidenta. Buscó condenar un proyecto político, criminalizar la obra pública y el campo nacional y popular. Hoy esa operación se cae a pedazos por su propia podredumbre.
El pueblo argentino merece saber la verdad completa. La causa Cuadernos no fue justicia: fue lawfare puro. Y la historia ya empieza a juzgar a quienes la armaron.


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