
El fin de una era industrial: Cabot cierra su planta en Campana tras 64 años y deja 150 familias en la calle
Enzo Amadeo Marquez
Buenos Aires, 7 de mayo de 2026
La planta de Cabot, inaugurada en 1962, era la única productora nacional de negro de humo (carbon black), un insumo estratégico y esencial para la fabricación de neumáticos, caucho industrial, plásticos, tintas y pinturas. Su cierre representa un golpe severo a la cadena de valor de la industria automotriz y del caucho, que ya venía sufriendo una fuerte crisis por la entrada masiva de importaciones.
El contexto del cierre
Según los trabajadores y el Sindicato del Negro de Humo, la empresa comunicó la decisión de forma repentina. Emilio Del Do, tesorero del sindicato, expresó en entrevistas: “No lo esperábamos, nos tomó por sorpresa. Había laburo, bajaron las ventas, pero había producción”.
Los trabajadores iniciaron una vigilia frente a la planta e iniciaron medidas de fuerza para exigir respuestas del Gobierno y de la empresa.
Crítica al modelo económico del Gobierno
El cierre de Cabot no es un hecho aislado, sino la expresión más clara del industricidio que atraviesa la Argentina bajo el gobierno de Javier Milei. La combinación de apertura indiscriminada de importaciones, recesión profunda, caída del consumo interno y pérdida de competitividad ha provocado el cierre sistemático de fábricas nacionales.
Cabot sobrevivió a todas las crisis de las últimas seis décadas (hiperinflación, defaults, cepos cambiarios, pandemia), pero no resistió dos años y medio de un modelo que prioriza la importación de productos terminados por sobre la producción local. La crisis en la industria del neumático —provocada en gran parte por la entrada masiva de cubiertas importadas desde China, Brasil y otros países— terminó rematando a uno de sus principales proveedores locales.
Mientras el Gobierno celebra el “déficit cero” y la baja de la inflación, la realidad industrial muestra un tendal de empresas cerradas, despidos masivos y destrucción de empleo de calidad. El caso Cabot es emblemático: una empresa que producía un insumo clave para la soberanía industrial cierra sus puertas mientras se importan neumáticos y componentes a precios que destruyen la producción nacional.
Impacto en la región y en la cadena productiva
El corredor industrial Zárate-Campana, uno de los polos productivos más importantes del país, sufre un nuevo golpe. La pérdida de Cabot afecta no solo a los 150 trabajadores directos, sino también a proveedores locales, transportistas, comercios y servicios de la zona.
Los trabajadores denuncian que las multinacionales del sector (como las que producen neumáticos) prefieren importar insumos o productos terminados en lugar de mantener la cadena productiva local, aprovechando las condiciones de apertura de mercado y la debilidad de la demanda interna.
Este cierre profundiza la desindustrialización del país y confirma que el modelo económico actual prioriza la especulación financiera y la importación por sobre la producción nacional y la generación de empleo genuino.
La planta ya comenzó su proceso de desmantelamiento. Con ella se va no solo una fuente de trabajo, sino también una parte importante de la historia industrial argentina.


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