
Inflación en CABA fue del 2,5% en abril y acumuló 11,6% en los primeros cuatro meses del año: una “baja” que duele y que esconde una recesión brutal
Enzo Amadeo Marquez
Buenos Aires, 7 de mayo de 2026
Este dato de CABA suele anticipar con bastante precisión el IPC nacional que publica el INDEC, por lo que se espera que la inflación nacional de abril también ronde el 2,5% – 2,6%. Sin embargo, detrás de esta leve baja mensual se esconde una realidad mucho más preocupante: la inflación está cayendo principalmente por la fuerte contracción de la demanda y no por una mejora genuina de la economía.
Los motores de la inflación en abril
Los rubros que más impulsaron los precios fueron:
- Nafta y combustibles: +8,3% (por la actualización de impuestos y la influencia de los precios internacionales).
- Transporte público: +4,8% (colectivos, trenes y subte).
- Alquileres: +2,7% (continúa la indexación de contratos).
- Agua y otros servicios: +4%.
- Prepagas: +2,9%.
Estos aumentos muestran claramente que los servicios y los energéticos siguen siendo los grandes impulsores de la inflación, mientras que los alimentos —aunque con una suba más moderada— siguen presionando el presupuesto familiar.
Análisis crítico: una “baja” que esconde dolor social
Aunque el Gobierno celebra cada décima de desaceleración como un gran logro, la realidad es que esta baja de la inflación se explica principalmente por la recesión profunda que vive el país. Las familias, con salarios y jubilaciones fuertemente licuados, están comprando cada vez menos. Esta “contracción de la demanda” es lo que frena los precios, pero a un costo social altísimo.
En otras palabras: la inflación baja porque la gente no llega a fin de mes, no porque la economía esté funcionando mejor. Es una baja “por hambre”, no por éxito económico.
Comparado con 2023 (antes de la llegada de Milei), la inflación acumulada en los primeros cuatro meses ya es mucho más elevada en términos reales si se considera la pérdida brutal de poder adquisitivo. Mientras en 2023 los salarios aún podían seguir el ritmo en algunos sectores, hoy la mayoría de los trabajadores y jubilados ven cómo sus ingresos se derrumban mes a mes.
Impacto en la vida cotidiana
Esta inflación, aunque más baja que en 2024-2025, sigue siendo muy dañina para los sectores populares. Jubilados que cobran la mínima, trabajadores informales y monotributistas son los más afectados. Muchos ya están recurriendo a saltear comidas, reducir el consumo de carne y frutas, y endeudarse para cubrir gastos básicos.
El transporte y los servicios (luz, gas, agua, prepagas) se han convertido en una carga cada vez más pesada. Un trabajador común que usa transporte público diariamente ve cómo una parte cada vez mayor de su sueldo se va solo en movilizarse, mientras los alquileres siguen indexados y los alimentos no bajan lo suficiente.
El modelo económico en cuestión
Este panorama refuerza la crítica central al modelo del Gobierno: se prioriza el ajuste fiscal y la baja de la inflación a cualquier costo social, sin generar una verdadera reactivación productiva. Mientras se recortan subsidios y se aplican tarifazos, la industria nacional sigue sufriendo (como el reciente cierre de Cabot en Campana), el empleo se destruye y el consumo interno se derrumba.
La inflación de CABA del 2,5% en abril anticipa lo que probablemente confirme el INDEC en los próximos días. Una inflación que baja, sí, pero sobre una economía que sigue sin recuperarse y sobre una sociedad que cada vez puede comprar menos.
El desafío del Gobierno no es solo bajar la inflación mensual, sino lograr que esa baja se traduzca en una mejora real del poder adquisitivo de la gente. Hasta ahora, ese objetivo parece lejano.


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